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La generación del 98

1. Introducción.

Con este nombre, “Generación del 98”, se conoce a un grupo de escritores que a principios de siglo innovaron en el estilo literario, la temática y, en general, la forma de entender la literatura en relación con la generación realista-naturalista anterior. Se desarrolla desde 1903 hasta 1920 aproximadamente. Varios son los factores que motivaron el cambio en la literatura española

– En primer lugar, factores sociopolíticos como el fracaso del sistema de la restauración monárquica, (era un sistema político corrupto en el que los 2 partidos más grandes se repartían el poder por turnos de 5 años). Bajo un gobierno de este sistema aconteció el desastre de 1898 (la guerra colonial que enfrentó a España contra las colonias y Estados Unidos, que las apoyó), es decir, la pérdida de las últimas colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Lo que produjo una reacción de protesta en contra del sistema pues se asoció  el fracaso colonial con atraso sociocultural y político de Espada.

– En el plano de las ideas y la literatura, la filosofía positivista y el cientificismo realista anterior, es sustituido por el irracionalismo, y el objetivismo realista es sustituido por el subjetivismo modernista

2. Nomina de autores:

Aunque no hay consenso por parte de los historiadores literarios, se han incluido tradicionalmente en esta lista los siguientes nombres (y añadimos los géneros que escribieron en orden de importancia):

La Generación

Miguel de Unamuno: ensayo, novela, poesía y  teatro

Pío Baroja: novela, teatro, ensayo.

Ramón María del Valle-Inclán: teatro, novela(poesía)

Antonio Machado: poesía, ensayo, teatro.

José Martínez Ruíz “Azorín”: novela, ensayo, teatro.

3. Características Generales.

Los últimos años del siglo XIX y primeros del XX son años de crisis en Espada: La reacción de los escritores del 98 fue la de tomar conciencia, criticar las causas del mal español (aquí centraron sus críticas sobre todo en la burguesía), hacer un análisis de los problemas para motivar una toma de conciencia. ¿Y cuál es El problema de Espada? En general su atraso científico y sociocultural respecto a Europa. Los autores del 98 desean regenerar Espada, aunque al final de sus vidas admiten la imposibilidad del proyecto y defienden los valores de la tradición hispánica triunfadora (tiempos del Imperio y la Reconquista) frente a la mediocridad del presente.

3.1. ¿Existió realmente una generación del 98?

Los autores son diferentes entre sí y en los últimos años ha crecido el número de estudiosos que no los consideran una generación. A favor de los autores del 98 como generación están los siguientes hechos:

  • Sus principales componentes: Miguel de Unamuno, Valle-Inclán, Pío Baroja, Azorín y Antonio Machado nacen entre 1864 y 1875.
  • Hay un  acontecimiento histórico que los une: la decadencia española y el desastre de 1898.
  • Tienen un mismo interés en los temas y en la manera de entender la literatura. Excepto Valle-Inclán que es el más particular del grupo.

En contra:

  • No mantienen contactos entre sí, excepto Azorín y Baroja. Algunos incluso se odian, como es el caso de Unamuno y Valle-Inclán.
  • Cada uno buscó primero y encontró más tarde su propio camino literario, bastante personal y sin tener en cuenta  un proyecto común.
  • Ideológicamente también fueron muy dispares.

Nosotros los estudiaremos como integrantes de una generación por respetar a la tradición académica que mayoritariamente los ha venido estudiando de este modo.

4. Temas y estilo de la Generación del 98.

La literatura del 98 se preocupó, fundamentalmente, por 3 temas:

A) El tema existencial.- La vida humana y su sentido. Todos los escritores del 98 tienen ante la vida una actitud trascendente, es decir, reflexionan sobre el tema de la existencia humana, el sentido de la vida, la muerte y Dios. La manera de tratar estos y otros temas casi siempre deja una sensación de  pesimismo y melancolía.

En concreto el tema de Dios es importante para Unamuno y Machado (el problema del alma y la inmortalidad, la existencia de Dios, la relación de Dios con el ser humano). Mientras que para otros, como es el caso de Valle-Inclán, Baroja o Azorín el tema de Dios no tiene apenas importancia.

B) El tema social: El Problema de Espada – Todos estos autores intentaron, en uno u otro momento de sus vidas, transformar la vida española. Advirtieron de la necesidad de una regeneración social y cultural en Espada que permitiera al país superar su decadencia. En ese sentido, Espada (el “problema de Espada”) es el gran tema base del 98. Lo cierto es que estos autores no fueron capaces de proponer soluciones, pero cumplieron con su objetivo de hacer comprender al lector  la necesidad de un cambio.

C) El descubrimiento del paisaje. Recordemos el título de uno de los libros de Unamuno Paisajes del Alma o Machado Campos de Castilla oAzorín, Castilla. Los autores centran su interés por el campo y sus gentes, y en especial en Castilla, que es su símbolo de las tradiciones y los valores más profundos y puros de historia de Espada. Frente a la fracasada sociedad burguesa (capitalista y sin valores), queda el campo castellano como vía de escape, como motivo de esperanza y de nostalgia de una Espada llena de valores espirituales y humanos (La Reconquista, el Imperio español, el Siglo de Oro…) que ya no existen.

El escritor al contemplar el paisaje descubre su propio interior

5. Estética del 98

En la literatura de los autores del 98 destaca la subjetividad en su análisis de la realidad. Para Machado, por ejemplo, “mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla” (el patio dónde se crió cuando era niño). Se recupera el valor del recuerdo, el sentimiento de la niñez y la mirada interior para descubrir la personalidad del autor, frente al modelo objetivo del realismo.

Renovación lingüística: Lenguaje sencillo y directo. Trataron de evitar el exceso de retórica en los textos. Abunda el lenguaje popular (aunque cuidado, no confundir lenguaje sencillo y popular con lenguaje coloquial o vulgar). Ampliaron el vocabulario mediante palabras propias del habla popular y dialectal.

Prefieren la frase corta frente a  la frase larga y llena de subordinaciones del Realismo. En este sentido, las descripciones son breves y expresionistas, es decir solo reflejan los rasgos característicos o de interés y no “todo” como en las descripciones detallistas del Realismo

Renovaron los géneros: Abrieron nuevas vías en la poesía superando el esteticismo modernista. La novela se parece ya a la novela actual: tanto en extensión como en estilo (cercano al habla común); el teatro se aleja de lo tradicional y se acerca a la vanguardia. En el caso concreto de Valle-Inclán, el teatro español alcanza una de sus cimas; por último, con ellos se inicia el ensayo moderno en Espada.

6. Los autores del 98 y el teatro de principios de siglo XX.
El teatro adscrito a la Generación del 98 es más bien escaso. El teatro de estos escritores se reduce a algunas obras de Unamuno, Azorín y, sobre todo, Ramón del Valle-Inclán y su espertento que veremos en otro artículo. El teatro de principios de siglo que triunfaba no era el propuesto por los autores del 98 sino otro de tipo costumbrista, convencional y cómico escrito a medida del público burgués. Destacaron autores como, Carlos Arniches, Jacinto Benavente y los hermanos Álvarez Quintero.

  • El teatro costumbrista. Es el más popular en España a principios de siglo. En estas obras hay una ligera sátira social (Jacinto Benavente critica a la aristocracia y a la alta burguesía) y preocupación por los vicios sociales que se intentan corregir (Carlos Arniches, los hermanos Quintero) todo ello expresado generalmente por medio de humor.

El autor más destacado de Jacinto Benavente (premio Nobel de Literatura en 1922); su obra más conocida es Los intereses creados (1909).
Carlos Arniches triunfó en los teatros de la capital con una caricatura del ambiente madrileño a través personajes estereotipados. Destaca La señorita de Trevelez (1916)

7. A modo de conclusión: los autores del 98 y la literatura de principios de siglo.

Como venimos diciendo estos autores trataron, y consiguieron, transformar la literatura española de principios de siglo XX. Pero precisamente esta apuesta renovadora y diferente les condujo a tener un escaso éxito de público en su momento. Casi con la sola excepción de Pío Baroja, ninguno de los autores del 98 lograron alcanzar un número considerable de ventas, y en la mayoría de los casos publicaron obras de escasa tirada y para un público reducido y entendido.

Por ejemplo, en novela a principios de siglo triunfa la novela pseudonaturalista que capta la atención del lector con la narración de escenas provocativas y polémicas: violaciones, asesinatos, violencia marginal… en definitiva, subliteratura populista.

En poesía resuenan los ecos del modernismo y en teatro se impuso el teatro burgués, comedias y dramas de estética conservadora y sin preocupaciones estéticas: se trataba, como acabamos de ver, de llenar el teatro con dramas conmovedores o melodramas lacrimosos, alejados de las nuevas innovaciones en la estética teatral o de la coyuntura político-social de esos años.

Lee las siguientes anécdotas que recogen relaciones entre algunos de los autores que hemos estudiado en este tema:

Domingo García-Sabell dejó constancia de una curiosa y significativa anécdota, muy poco divulgada, oída de boca del escritor gallego, de la que son protagonistas Rubén Darío, Miguel de Unamuno y el propio Valle-Inclán

“Estamos en el Madrid de 1900. Una tertulia de café en torno a Rubén Darío. El poeta nicaragüense, con sorda y monótona voz, está haciendo un encendido elogio de don Miguel de Unamuno. Cuando concluye, alguien no muy bien intencionado, dice: «Pues Unamuno no le corresponde a usted en el entusiasmo». Y echando mano al bolsillo de la chaqueta, extrae un periódico en el que se inserta un artículo de don Miguel. El trabajo es una feroz diatriba contra Darío en la que, entre otras cosas, el gran vasco afirma que al poeta se le ven todavía las plumas de indio que lleva dentro de sí. Rubén pide el diario y lee en silencio, con patética, dramática calma. Se hace una pausa embarazosa. Rubén reclama una copa de coñac que sorbe rápidamente, y se hunde, serio, taciturno, en el diván. La conversación salta a otros temas. El poeta sigue pidiendo coñacs, y cuando la tertulia toca a su fin, de toda la rueda de amigos sólo quedan Darío y Valle-Inclán. Nuestro escritor intenta animar al abatido lírico, ya semiborracho, que, según don Ramón, era muy sensible a las valoraciones críticas de la vida literaria. «No haga usted caso. Eso -señalando al periódico- no tiene importancia. Unamuno ahora habla así y mañana puede decir lo contrario. Vámonos a tomar el aire.» Pero Rubén niega con la cabeza y se obstina, enquistado, en su desalentador silencio. La ronda de las copas prosigue y don Ramón abandona el café, dejando en él, con tristeza, a un Rubén Darío deprimido y oscuramente beodo.

Transcurren pocos días y, de nuevo en la tertulia, el poeta lee a los amigos una carta que se dispone a remitir al catedrático de Salamanca: «Admirado señor: He leído su artículo. Yo había escrito antes otro sobre usted, sobre su obra. Ahí va. Quiero decirle que yo remito hoy mi trabajo a Buenos Aires, para publicarlo en La Nación, sin quitarle ni añadirle una coma, con la constancia de mi admiración rendida hacia todo lo que usted ha producido. Y firmo esta carta con una de las plumas de indio que, según usted, aún llevo dentro de mí.»

Todos -el primero don Ramón- celebran el nobilísimo gesto de Rubén Darío.

Al cabo de unos meses don Ramón y Unamuno se encuentran en la calle. Pasean juntos un rato y, de pronto, la charla recae sobre la figura de Rubén. «Con este hombre -dice don Miguel- me ha ocurrido una cosa notable y desconcertante.» Y Unamuno refiere, punto por punto, la historia de los artículos y la carta que Valle-Inclán ha vivido muy directamente. Y en ese instante, don Ramón se exalta, engalla la voz, extrema el gesto y suelta esta magnífica tirada: «El suceso, amigo don Miguel, no tiene nada de notable y mucho menos de desconcertante. Es, sencillamente, el resultado del enfrentamiento de dos sujetos diferentes y opuestos. Es una realidad natural. Ustedes no han nacido para entenderse, porque Rubén y usted son antípodas. Verá usted: Rubén tiene todos los defectos de la carne: es glotón, bebedor, es mujeriego, es holgazán, etc. Pero posee, en cambio, todas las virtudes del espíritu: es bueno, es generoso, es sencillo, es humilde, etc. En cambio, usted almacena todas las virtudes de la carne: es usted frugal, abstemio, casto e infatigable. Y tiene usted todos los vicios del espíritu: es usted soberbio, ególatra, avaro, rencoroso, etc. Por eso, cuando Rubén se muera y se le pudra la carne que es lo que tiene malo, le quedará el espíritu, que es lo que tiene bueno, ¡y se salvará! Pero a usted, cuando se muera y se le pudra la carne, que es lo que tiene bueno, le quedará el espíritu, que es lo que tiene malo, ¡y se condenará!». Aquí don Ramón hacía una pausa, se mesaba lentamente las barbas y, en un tono confidencial, como quien comunica un grave secreto, concluía: «Desde entonces, Unamuno anda muy preocupado»

4 comentarios

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  1. laila

    ME HAN SERVIDO MUCHAS PUBLICACIONES DE LITERATURA, LA RECOMENDARÉ !!!

    gracias

    1. Mario López Asenjo

      Muchas gracias a ti por tu interés y ayuda, saludos

  2. Mario López Asenjo

    Me alegro mucho y gracias por recomendar la página, vuestro apoyo anima para seguir trabajando!! Saludos

  3. María

    Me ha servido muchísimo esta página. Solo una observación: aparece continuamente en los temas “Espada” y “el problema de Espada”. Quizás algún alumno tramposillo acabe copiando literalmente el error, o no sea capaz de discernir por falta de recursos personales las diferencias entre ellos. Sería conveniente subsanar dicho error.
    Por lo demás, es un resumen fantástico!

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