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Etapas de la novela hispanoamericana del siglo XX

1. Introducción

Antes de nada, conviene recordar que los diecinueve países americanos de habla españolan presentan unas peculiaridades  que conviene tener en cuenta al estudiar su literatura.

  • La Naturaleza, con sus proporciones grandiosas: las cordilleras, la pampa, la selva amazónica… Por eso la naturaleza suele acompañar e influir en las relaciones humanas de las obras.
  • El mestizaje, tanto humano como cultural. Blancos, indios, negros, mestizos, mulatos… El mestizaje cultural es uno de los rasgos característicos de la cultura hispanoamericana y estará presente en la literatura con sus tradiciones y problemas.
  • Las desigualdades sociales: América está marcada por las fuertes desigualdades en la sociedad. Por un lado, están las altas clases dominantes nacionales (normalmente de origen europeo) y por el otro, la grandes masas de población popular (especialmente indios y mestizos). Buena parte de la literatura denunciará esta injusta situación.
  • Como consecuencia de las desigualdades sociales y las deficiencias culturales, en el continente tradicionalmente ha habido inestabilidad política. Las clases dirigentes han impuesto gobiernos conservadores en ocasiones dictatoriales, como reacción en la segunda mitad del siglo XX  las clases populares han apoyado movimientos revolucionarios socialistas, que por desgracia también han acabado en dictaduras. En la actualidad, parece que se recupera el equilibrio, a la vez que crece la población perteneciente a las clases medias que buscan soluciones democráticas y liberales.

Con todo lo anterior, la historia de la narrativa hispanoamericana es peculiar y esta condicionada por la historia de la colonización española. Hasta la época de la independencia (primer tercio del siglo XIX), la publicación, traducción o venta de novelas en América estaba prohibida. Las novelas se leyeron siempre en América, por supuesto, pero llegaron allí de manera clandestina. Las autoridades españolas tomaron esta medida para evitar que un género fantasioso como es el novelesco, en concreto el de las novelas de caballerías pudiera corromper el animo de los indígenas.

Por tanto, el primer momento de la novela hispanoamericana hay que encontrarlo en el siglo XIX y, como es lógico, la falta de tradición novelesca hace que los novelistas en un primer momento imiten las corrientes que llegan de Europa: Romanticismo, y mas tarde Realismo.

La primera corriente autóctona fue el Modernismo. Supuso el primer paso de una historia de la novela que en la segunda mitad del siglo XX va a dar sus mejores frutos con autores que alcanzaron (y alcanzan) los primeros puestos de la literatura a escala mundial.

 

La historia del descubrimiento mundial de la novela hispanoamericana comienza en en 1962  cuando la editorial española Seix Barral concedió el premio de Biblioteca Breve a La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa. Este fue el punto de arranque de un fenómeno editorial conocido como “el boom” de la novela hispanoamericana: bajo el epígrafe del Realismo mágico, toda una generación de escritores con Gabriel García Marquez a la cabeza fueron reconocidos, leídos y seguidos por infinidad de lectores. El éxito también condujo a rescatar a autores de generaciones anteriores: Borges, Carpentier, Rulfo, etc.

2. Etapas de la narrativa hispanoamericana del siglo XX

Las principales etapas de la novela hispanoamericana serían:

  • Hasta 1945: Pervivencia del realismo en sus diferentes manifes­taciones;
  • De 1945 a 1960: El realismo má­gico
  • De 1960 a 1980: El  “boom” de la novela hispanoamericana
  • A partir de 1980: Los últimos nombres

***

3. La novela hasta 1945: Pervivencia del realismo en sus diferentes manifes­taciones 

La novela americana se caracteriza hasta 1940-45 por una continuación de la novela realista del siglo XIX. No hay en principio renovación formal. Se siguen empleando técnicas realistas e incluso a veces con restos del Romanticismo. Con todo se aprecian los primeros intentos de renovación novelesca en:

  • Los intentos de renovación en el lenguaje, generalmente por  elementos lingüísticos modernistas, nuevos modos de presentación espacio-temporal (véase Los de abajo, de Mariano Azuela, por ejemplo), pero aún con la pervivencia de los modos típicos de la narración realista: cronología lineal, narración en 3ª persona, imitación de la realidad,  etc.
  • Renovación temática, que se aprecia en el acercamiento a los problemas de la realidad americana del momento.

En este periodo podemos distinguir  tres subgéneros destacados: 

3.1.  La novela de la naturaleza, o también conocida como novela de la tierra. La mirada del escritor se centra en la naturaleza salvaje americana en conflicto con el hombre que la habita. Esta expresión de la lucha del ser humano con una naturaleza que le supera en fuerzas es un rasgo de, en general, la novela americana moderna, sino recordemos los ejemplos de Moby DickEl viejo y el mar, en Norteamérica.

La mejor de las novelas de la tierra, sin duda, es La Vorágine de José Eustasio Rivera; junto a esta destacan Don segundo Sombra de Ricardo Güiraldes y Doña Bárbara de Rómulo Gallegos.

3.2. La novela de la revolución o novela política que centra su atención en los problemas sociopolíticos de una zona tan inestable como es el sur de América en las primeras décadas del siglo XX. De esta preocupación política nacen dos subgéneros:

  • La revolución mexicana, que retrata el violento conflicto que castigó México de 1910 a 1024. Muchos de estos narradores participaron directamente en el conflicto por lo que sus testimonios fueron vividos en primera persona. La obra más destacada es  Los de abajo del mexicano Mariano Azuela, además cabe recordar obras como El águila y la serpiente y La sombra del caudillo del también  mexicano Luis Martín Guzmán.

 

  • La novela de dictador hace referencia a toda una tradición de novelas que retratan a diferentes dictadores que han tiranizado a la mayor parte de los países de Hispanoamérica durante buena parte del siglo XX. Tradicionalmente se considera a la ya citada La sombra del caudillo como la primera de estas novelas que se desarrollaran en la década siguiente y que van a constituir uno de los subgéneros narrativos más productivos en toda la América Latina. Sigue presente en nuestros días, solo basta recordar una de las mejores últimas obras de Vargas Llosa, La fiesta del Chivo (del año 2000).

3.3. La novela social quizá es el subgénero característico del período con la denominada novela indigenista en la que se mezclan  preocupaciones sociales con la búsqueda de las raíces indígenas y la denuncia de sus problemas de discriminación. Destaca la obra Los ríos profundos de J Mª Arguedas.

4.  De 1945 a 1960: Comienzo de la renovación narrativa: EL «REALISMO MÁGICO» O «LO REAL MARAVILLOSO»

En algunas obras de Uslar Pietri y en el simbolismo presente en muchas de las novelas de la naturaleza o de la revolución se podían intuir elementos que superaban los límites de la verosimilitud realista. Todas estas proyecciones cobrarán forma en la novela posterior a la década de los años 40 cuando el rasgo característico de la narrativa hispanoamericana sea el de superar el realismo narrativo con la fórmula del realismo mágico: donde lo real y lo extraordinario conviven como parte integrante de la realidad consciente.

Quizá el origen del realismo mágico se encuentre en la búsqueda misma de la identidad hispanoamericana. Una vez independizados de España, con una mezcla multicultural de indígenas, mestizos, europeos, etc.; el intelectual hispanoamericano se pregunta, ¿quiénes somos?, ¿cuál es la verdadera realidad hispanoamericana? Y llega a la conclusión de que América se reveló a los ojos del mundo como un lugar donde conviven el mito y la realidad. Ya Colón esperaba, al llegar a América, encontrarse con hombres con cabeza de perro y otros seres extraordinarios; luego vinieron los mitos de El Dorado, Las amazonas, etc. Esto unido a la cultura mágica de los pueblos precolombinos dan como resultado esta concepción de América como un espacio donde la realidad engloba tanto lo perceptible y racional como  lo sobrenatural y extraordionario. Es decir, que la realidad está compuesta de realismo; mundo consciente y racional tradicional, y magia, lo irracional e inexplicable.

4.1. Los nuevos Temas:

  • Aparecen nuevos temas como la imaginación, lo fantástico. Pronto se habló de realismo mágico (expresión creada, al parecer, por el escritor italiano Massimo Bontempelli en 1938, pero reformulada por los escritores hispanoamericanos) o de lo real maravilloso. Esta última denominación se debe a Alejo Carpentier.
  • El realismo mágico intenta hacer un retrato total de la realidad, ya que, a juicio de los novelistas que lo cultivaron, el mundo  —y, sobre todo, el mundo hispanoamericano— va mucho más allá de lo que puede ser percibido por los sentidos. Un narrador mágico realista, crea la ilusión de “irrealidad“. Para ello cuenta los hechos más triviales, cotidianos, insignificantes como si fueran excepcionales; y los excepcionales, como si fueran de lo más común.

 Nota: la literatura del realismo mágico no es una literatura fantástica, ya que en la base de todas estas obras está el mundo real y reconocible. A partir de este momento, realidad y fantasía se presentarán íntimamente unidas en la novela: unas veces, por la presencia de lo mítico, de lo legendario, de lo mágico; otras, por el tratamiento alegórico o poético de la acción, de los personajes o de los ambientes (como hemos dicho antes). Para entenderlo mejor, puede que nos ayude la  lectura de  este cuento breve de Julio Cortázar

 

Historia Verídica

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caros, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto. Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

FIN

4.2. Técnica y estilo

  • El narrador. El narrador omnisciente deja paso al narrador protagonista, personaje o testigo (multiperspectivismo).
  • El tiempo. Se rompe la linealidad temporal por medio de recursos como la inversión temporal, las historias paralelas o intercaladas y el caos temporal.
  • El lenguaje. Entre los nuevos narradores existe una gran preocupación por la elaboración lingüística, por el ritmo de la prosa (a veces poética) y por el empleo de imágenes, hasta tal punto que se ha hablado de una tendencia barroca en el estilo de estas novelas.

Estos rasgos, iniciados en los años 40, se prolongarán durante las décadas siguientes en la obra de nuevos novelistas.  En el periodo que va de 1940 a 1960 destacan autores como: Juan Rulfo (Pedro Páramo), Jorge Luis Borges (El libro de arena); Miguel Ángel Asturias (El señor Presidente) y Alejo Carpentier, es uno de los máximos maestros de la prosa castellana (Los pasos perdidos y El siglo de las luces).

 

5. De 1960 a 1980: El “boom” de la novela hispanoamericana

Continuadores que perfeccionan el modelo narrativo del realismo mágico. Coincide en el tiempo con la novela experimental en España. 

En 1962, el mismo año que aparece Tiempo de silencio, se publi­caba La ciudad y los perros de Vargas Llosa. En 1967, el mismo año que Volverás a Región, del español Juan Marsé, aparece Cien años de soledad de García Már­quez. Era el llamado «boom» de la no­vela hispanoamericana.

Mejor que uno explica lo que significó el movimiento uno de sus destacados partícipes:

Durante la década del sesenta se produjo un crecimiento notable de la literatura latinoamericana, que decantó en un vasto reconocimiento mundial, tanto desde la crítica especializada como desde el público. La aparición de por lo menos una docena de excelentes novelas que poblaron un espacio antes desierto, dio pie a una renovación de nuestras letras y logró llevar nuestra literatura alrededor del mundo.

Lo que caracteriza a la mayoría de los escritores que se ubican dentro del ‘boom’, es que se trata de intelectuales exiliados de sus países, que desde Europa tomaron parte de la causa latinoamericana (lo cual les valió sus críticas), y se hicieron eco de ella. Vargas Llosa diría años más tarde que “había llegado a Europa siendo peruano, y allí me descubrí latinoamericano”. Esta necesidad de comulgar con el sentimiento de pertenencia a una cultura que les era común, aún con sus diferencias regionales, terminó por conformar un grupo de lucha que tomó parte activa en los reclamos por las libertades, los derechos humanos, y la Revolución Cubana y nicaragüense.

Aún cuando no es claro cuándo comienza y termina exactamente el fenómeno, se ubica dentro de él a un grupo selecto de escritores, quienes en algún momento fueron acusados de ser parte de una mafia con contactos secretos con las editoriales, de forma tal que tuvieran el éxito asegurado. El tiempo demostró que las acusaciones eran injustas y que la calidad narrativa y estética de Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y compañía, no obedecía a ninguna estrategia publicitaria, sino que se trataba de un redescubrimiento de las páginas más notables de la historia del arte.

Donoso, José. Historia personal del ‘Boom’,Barcelona: Ed. Sudamericana-Planeta, 1984.

 

Los nuevos novelistas llevan las innovaciones señaladas en el apartado anterior a sus últimas consecuencias, e innovan con recursos vanguardistas. Aunque es imposible enumerar todos los rasgos de la nueva narrativa, hay una serie de elementos que se repiten en las obras literarias contemporáneas, que las diferencia de las de otros períodos.

  • La integración de lo fantástico y lo real se consolida.
  • La ampliación temática y, en especial, se prefiere la novela urbana (Cortázar, Fuentes, etc.). Y cuando se centre en el ámbito rural, este será tratado desde nuevos planteamientos, ya anticipados por Rulfo en Pedro Páramo: nos referimos a la visión de una realidad mítica resultado de la unión de lo fantástico y lo real.
  • La ruptura de la cronología narrativa: los hechos narrados no siguen, en ocasiones, el orden temporal exterior, sino que son presentados por el narrador con total libertad. Se rompe la línea tradicional argumental dando lugar a nuevas estructuras del relato.
  • El narrador protagonista, más frecuente que el omnisciente. Muchas veces se emplean, también, varios narradores en un texto para mostrar el relato desde distintos puntos de vista. Se mezclan los estilos narrativos: combinación de las personas narrativas, estilo indirecto libre, monólogo interior, etc.
  • La incorporación de lo fantástico, de elementos inexplicables y absurdos se integran en el texto sin necesidad de una explicación racional. La razón no es la única manera de interpretar la realidad. Se plantea la inexistencia de una única verdad y se provoca incertidumbre en el lector.
  • La experimentación  de la novela se manifiesta especialmente en el lenguaje que es llevado al límite: en las relaciones léxicas, la sintaxis e incluso la fonética.

Los autores más destacados son: Ernesto Sábato (El túnel; Sobre héroes y tumbas); Juan Carlos Onetti  (y sus novelas ambientadas en un espacio mítico, Santa María, en la que se relatan unas vidas mediocres y absurdas en un mundo cerrado y en decadencia:  El astillero (1961), Juntacadáveres (1964);  Lezama Lima (Cuba, 1910-1976); Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz); Julio Cortázar (Argentino 1914-1984) con su novela Rayuela (1963), modelo de contranovela, puso en cuestión todas las convenciones del género: se puede empezar por cualquier parte, o de manera lineal tradicional o siguiendo una “guía de lectura” que incluye el autor al comienzo; rompe con la secuencia lógica de la trama y los episodios, desaparece el concepto de argumento, etc.; Mario Vargas Llosa (Perú, 1936), en el que habría que destacar La ciudad y los perros (1962), que narra la vida tensa y violenta de un grupo de adolescentes en el mundo cerrado y opresivo de un colegio militar en Lima;  y La casa verde (1966), novela de compleja técnica sobre la historia de un burdel en la selva. Y, por supuesto, el líder del movimiento, Gabriel García Márquez, autor de obras imprescindibles como Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada o El coronel no tiene quien lo escriba

6.  A partir de 1980: los nuevos nombres.

El boom  situó definitivamente a Hispanoamérica en el punto de mira de la literatura mundial, lo que allanó el camino para la proliferación de nuevos autores y títulos en la década de los 80.

Sería difícil simplificar todas las variantes  de la novela de los años setenta y ochenta, sólo destacaremos las dos maneras mas significativas de entender la novela:

1. En una sociedad dominada por los medios de comunicación de masas (prensa, televisión y espectáculos), el autor asume su papel de comunicador y coloca la estética de la novela al nivel de otras comunicaciones, como el cine, la televisión, el cómic, el pop, lo camp o el kitsch, de cuyos lenguajes y técnicas se aprovecha. En esta corriente se inscriben la narrativa de Manuel Puig, las últimas novelas de Vargas Llosa o las de Ibargüengoitia.

2. En otra línea creativa totalmente divergente, otros autores optan por la acentuación de la vanguardia creativa, la elección de un lenguaje rebuscado y unos contenidos herméticos creando una novela para minorías como ocurre con las obras de Severo Sarduy o de Salvador Elizondo

Nota: En España sucedió algo parecido: por un lado la tendencia a una novela más comercial, con historia bien desarrollada, fácil de seguir pero bien escrita; y otra hermética y vanguardista (José María Guelvenzu y otros autores) para entendidos. 

Bibliografía:

  • Oviedo, José Miguel. Historia de la literatura hispanoamericana, Vol.3. Madrid: Alianza, 2001.
  • Oviedo, José Miguel. Historia de la literatura hispanoamericana, Vol.4. Madrid: Alianza, 2001.
  • Bellini, Guiseppe. Nueva historia de la literatura hispanoamericana. Madrid: Castalia, 1997.

Enlaces:

 

1 comentario

  1. cristina

    me pareció muy bueno, de gran ayuda, estoy en el profesorado de lengua y lit, mendoza, argentina, gracias.

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