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La novela picaresca

La novela picaresca es el más importante de los subgéneros narrativos de los siglos XVI y XVII. Su primera obra, el Lazarillo de Tormes (1554) es, como veremos, una especie de revolución, que se consolidará casi medio siglo después con el Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán y otros títulos en el siglo XVII (El Buscón, de Quevedo, etc.). Con estas obras y con El Quijote se inició el camino de la novela moderna.

Antes de detenernos en el estudio de estas obras, convendría señalar los factores que explicarían el nacimiento de un subgenero novelístico sin precedentes en la literatura:

  • Factor social: España a mediados del s. XVI está metida en varias y largas guerras en Europa y la política imperialista provocó el empobrecimiento de las zonas rurales y de todas las regiones en general por el gasto en las guerras por lo que llegaron a las ciudades personas sin trabajo que se ven conducidas al robo.

 

  • Factor literario: La lírica y las todas las novelas proponen paisajes e individuos muy idealizados y alejados de la realidad cotidiana. En contraste, la novela picaresca pretende reflejar la realidad tal como es, llena de mendigos y pobreza. Busca un nuevo protagonista, el pícaro: un mendigo, un ladrón; en definitiva una persona llena de defectos.

 

 Y precisamente estos dos rasgos: el realismo y el antihéroe como protagonista son propios de la novela moderna, por eso decíamos que la picaresca es un género fundamental en la historia de la novela.

 1. El término pícaro

El término en el siglo XVI designa al que es ruin, de baja clase social, despreocupado por su honra, carente de lazos afectivos, sin hogar y mozo de muchos amos. Se emplea por primera vez en la literatura española en la farsa Custodia del   hombre de Bartolomé Palau (1541-1547) aunque en la forma de “picarote”. La primera novela picaresca que lo emplea fue El Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.

 2. Orígenes

Siempre se ha señalado la influencia de El asno de oro, de Apuleyo, con el que comparte el hambre como el motor de la acción de un personaje, el servicio a varios amos y el retrato cítico de la sociedad, aunque en el caso de Apuleyo, el protagonista como consecuencia de un hechizo es convertido en burro. Este recurso fantástico no será empleado por la novela picaresca y, en cambio, es propio de la prosa satírica del XVII.

El Lazarillo aparece en 1554 como reacción a la literatura idealista del momento. El espíritu humanista y el ánimo contrarreformista inspiran una obra que  centra su interés en la crítica de la corrupción los valores sociales (de una sociedad obsesionada por la limpieza de sangre y el honor) y cristianos (reflejado en clérigos corruptos de lujuria y avaricia)

 3. Características del género

Según Fernando Lázaro Carreter, uno de los más reconocidos estudiosos de la picaresca, en su artículo: “Para una revisión   del concepto novela picaresca” en El Lazarillo aparecen los rasgos definitorios del género que adquieren forma definitiva en El Guzmán de Alfarache, del que el resto de obras picarescas son herederas. 

En el lado contrario se sitúan otros eminentes críticos como A. Parker, H. Herrero y M. Bataillon para quienes el Lazarillo   no presenta todos los rasgos del género, por lo que resulta más adecuado hablar   de “protonovela”, reservando la consideración de primera novela del género (que   cumple todos sus rasgos) para El Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.

Con todo hay cierto consenso en los rasgos definitorios que caracterizan a este tipo de novelas. Estos son:

 1. Relato de forma autobiográfica. El protagonista narra sus propias aventuras en primera persona, contando la historia de su vida desde el principio. Así pues, el pícaro aparece en la novela desde una doble perspectiva: como autor y como protagonista. Como autor se sitúa en un tiempo presente que mira hacia su pasado y narra una acción, cuyo final ya conoce.

De este modo, todo el relato está enfocado desde un único punto de vista: el del pícaro, que nos da su versión particular, unilateral, de los hechos.

 2. Orígenes deshonrosos. El protagonista es el pícaro, es el antihéroe contrario al protagonista idealizado de la literatura  tradicional anterior (caballeros, santos, amantes cortesanos). Es la primera vez que en literatura el protagonista es una persona real, con sus defectos y limitaciones, que es convertida en personaje literario.

 3. Servicio a diferentes amos. Es su aprendizaje en la vida gracias a lo que ve y aprende como sirviente de diferentes “amos”

 4. Sátira y crítica social. La sátira es un elemento constante en el relato picaresco. El protagonista está al servicio de diferentes amos de las diferentes capas sociales por lo que puede contar la manera de comportarse de unas personas: nobles y clérigos fundamentalmente, que son malos cristianos, llenos de envidia, avaricia y crueldad. Es por tanto, una crítica a algunos comportamientos sociales de la época.  No es que todo el mundo fuera así, pero al autor de la novela le interesa destacar solo esos comportamientos negativos.

 5. Intención moralizante. Desde su planteamiento inicial, la novela picaresca tiene intención aleccionadora o moralizante: el pecador arrepentido narra desde el presente su pecaminosa vida pasada, que se presenta como ejemplo para no imitar.

 6. Estructura abierta. El pícaro es lo único que da coherencia a un relato que se compone de una serie de escenas aisladas en las que intervienen personajes diversos y que se desarrollan en distintos puntos geográficos. De este modo, las obras pueden  prolongarse o acortarse a voluntad.

 7. Búsqueda del ascenso social y de alcanzar la honra. El pícaro vive al margen de la sociedad y no tiene honra. Sabemos por la historia lo importante que era en aquella sociedad tener honor. Solo las personas nobles lo tenían de nacimiento y el resto lo tenía que lograr con sus méritos. No tener honra significaba vivir al margen de la sociedad. Por este motivo, su principal motivación es sobrevivir y ascender socialmente para vivir con un mínimo de dignidad y honra, aunque suele fracasar.

 8. El ingenio del pícaro. El personaje sobrevive gracias a su ingenio e inteligencia. En este aspecto se aprecia también una evolución y aunque en El Lazarillo, el pícaro destaca sobre todo por su ingenio, en los sucesores de Lázaro se acentúan los rasgos negativos: muchos de ellos son ladrones, tramposos…, pero rara vez llegan al homicidio.

 4. Clasificación de la novela picaresca

Una de las más reconocidas es la Clasificación hecha por Pfandl que agrupa las novelas picarescas en:

  •  Idealistas-satíricas: son contrarreformistas en el sentido moral: el pícaro se desengaña y arrepiente de sus pecados, como en las dos partes del El Guzmán de Alfarache (1599 y 1604), de Mateo Alemán, o El Buscón (1626), de Quevedo.
  • Realistas –optimistas: lo moral queda en un plano muy secundario. La ironía no es amarga y al final de cornudo del protagonista no mitiga su felicidad ante la estabilidad material. Así aparece en El Lazarillo, La pícara Justina, Rinconete y Cortadillo o Estebanillo González.
  • Novelescas-descriptivas: Lo picaresco es un ingrediente más dentro de un hibridismo narrativo que se emparenta con la novela corta barroca. Ejemplos de este tipo son: La Garduña de Sevilla, La vida del escudero Marcos Obregón, El Bachiller Trapaza o El Licenciado Vidriera.

 Francisco Rico más que una clasificación señala una evolución de la novela picaresca en las siguientes etapas:

a)      1599-1604: Etapa de creación. Se fija la poética del género gracias a El LazarilloEl Guzmán de Alfarache. Incluye también en esta etapa El Buscón y La Pícara Justina, que ya introduce rasgos de decadencia del género.

b)      1605-1620: “Lapsus de tiempo muerto”. Presencia de pícaros que no respetan la poética del género: La hija de la Celestina, La vida del escudero Marcos de Obregón. Están escritos en tercera persona.

c)      1620-1626: Renacer de la poética inicial. Alonso, mozo de muchos amos, Historia de la vida del Buscón llamado Pablos.

d)      1626-1646: Decadencia del género. Estebanillo González.

 

Obras

El Lazarillo de Tormes, 1556, que estudiaremos en punto aparte.

 

Guzmán de Alfarache. Es la novela prototipo del género. Mateo Alemán publicó la primera parte en 1559 y la segunda en 1604.

 Narra las experiencias de su protagonista, hijo de una adúltera y de un padre despreciable. De niño tiene que huir de su casa, y  tiene que sobrevivir al servicio de diversos amos por España e Italia. Finalmente sus artes para sobrevivir: hurtos, engaños, fraudes, estafas…, le conducen a ser condena a galeras, donde se produce su arrepentimiento. La novela es narrada desde este estado final de arrepentimiento. 

Por tanto, desde su situación final (la condena a galeras), el protagonista cuenta sus aventuras y desventuras para transmitir una enseñanza al lector; por ello la acción se ve continuamente interrumpida por digresiones y comentarios morales que cumplen con la finalidad aleccionadora. Hay además una gran cantidad de cuentecillos, anécdotas e, incluso, una novela corta que nada tienen que ver con la historia principal, pero que también sirven para reforzar la intención didáctica. En su conjunto es una novela de tempo lento donde lo didáctico predomina sobre lo narrativo.

La crítica de la sociedad del momento es despiadada, pero, paradójicamente, el pícaro centra todos sus esfuerzos por integrarse y ser aceptado por aquella sociedad.

El lenguaje es muy logrado con el empleo de un léxico rebuscado y exuberante. Hay una notable  preocupación estilística en una prosa rica y elaborada.

  La pícara Justina de Francisco López de Úbeda (1605). Su protagonista es una mujer y para muchos críticos no se trata de un retrato picaresco sino un relato satírico con apariencia picaresca.

 La hija de la Celestina, de Alonso Salas Barbadillo (1612). Tampoco es considerado como estrictamente picaresco. La protagonista es una mujer fatal a la que los hombres encuentran irresistible; ella se apodera de sus bienes mediante engaños y al final, asesina a su cómplice. Muerte en galeras pero sin arrepentimiento, lo que la sitúa en el polo opuesto del Guzmán.

 La vida del escudero Marcos de Obregón, de Vicente Espinel. Tiene mucho de verdadera autobiografía donde se mezclan elementos ficticios y reales. En realidad, la novela tiene más de aventuras que de picaresca.

 Estebanillo González,  (1646). Considerada como la última del género. Se desarrolla desde el principio hasta el final en un escenario guerrero histórico

 El diablo cojuelo, Luis Vélez de Guevara. Se trata más bien de un relato satírico que de uno picaresco.

 

Bibliografía y Webgrafía

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