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Poesía hispanoamericana del siglo XX (1)

1.  Panorama general de la poesía hispanoamericana del siglo XX

La lírica del siglo XX se presenta en diversas tendencias que en ocasiones coinciden en el tiempo y  son recurrentes a lo largo del siglo (es decir, con variantes se van a repetir en diferentes momentos). Es difícil simplificar en un listado de corrientes, las nuevas propuestas que simultáneamente fueron surgiendo en los diferentes países. Cada lugar y cada poeta ofrecieron su peculiar solución poética, pero sí es cierto que se pueden observar unas cuantas tendencias o movimientos generales, que se produjeron a la vez en todo el continente y que nos permite sintétizar el panorama de la poesía hispanoamericana del siglo XX en diferentes etapas.

 Etapas:

 2. Modernismo

El modernismo es un movimiento literario a caballo entre el siglo XIX y prinicios del XX. Se podría decir que está relacionado estética y temporalmente con lo que en europa se conoció con diferentes nombres: modernismo artístico, Art Nouveau, Modern Style, Floreale etc., y que abarcaba a artistas plásticos y diseñadores.

 El modernismo literario nació de la mano de autores hispanoamericanos que recibieron la influencia de dos movimientos franceses que habían renovado la poesía del momento. Nos referimos al parnasianismo y al simbolismo. Sería conveniente describir en qué consistieron ambos:

 

Parnasianismo, su principal representante fue Leconte de Lisle. El Parnasianismo defiende la belleza en la expresión poética por encima de todo (“el arte por el arte”), la estética, la musicalidad de los versos; el poema debía ser un objeto exótico y único de belleza, el contenido queda en un segundo plano. 

 

Simbolismo, relacionado con el anterior en la defensa del valor estético en la obra literaria, los simbolistas creen que todo en el universo, las realidades físicas y las espirituales, están conectadas de alguna manera y que el poeta es el elegido para revelar esa conexión. Por tanto, el poeta, por medio de la inspiración, asocia una realidad con un concepto (creando así el símbolo), por ejemplo: tarde=melancolía; atardecer=decadencia… O como en este famoso poema de Mallarmé, asocia las vocales con los colores que le evocan.

Los máximos representantes del movimiento fueron Baudelaire, Verlaine y Mallarmé. 

. 2.1 Orígenes

¿Cuando? Se desarrolla desde finales de siglo XIX hasta la primera década del s. XX (hasta 1910)

¿Dónde? Nace primero en Hispanoamérica para dejar después su influencia en Espańa. El modernismo aparece de la mano de autores hispanos como José Martí y Leopoldo Lugones y sobre todo el nicaragüense Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916), autor del primer libro modernista Azul, 1888. Darío entra en París en contacto con la nueva estética parnasiana y simbolista francesa (autores como Rimbaud, Baudelaire, Verlaine) y de su influencia surge el Modernismo. Será introducido y promocionado en Espańa por el propio Ruben Darío en la década de 1890.

 ¿Cuál es su importancia? marca un cambio en relación al realismo anterior, una manera diferente de entender la literatura y la vida. El costumbrismo realista es sustituido por el simbolismo de una literatura dirigida hacia la palabra elegante y la expresión preciosista El modernismo tiene influencia en el inicio de las carreras literarias de algunos autores de la Generación del 98, especialmente son modernistas al inicio: Antonio Machado y Valle-Inclán.

 

2.2. Características Generales:

 El modernismo es todo lo contrario al realismo. Se parece al Romanticismo y como a éste no le interesa la realidad actual, busca la evasión en el espacio y en el tiempo, y de nuevo se da importancia a la expresión subjetiva y a la retórica (pero tiene una gran diferencia respecto al Romanticismo, y es que ya no se quiere evocar pasiones con contenidos graves, sino maravillar con el empleo de las palabras):

 El modernismo rechaza la sociedad burguesa y  sus valores: es decir, las creencias religiosas, la estructura social y las ideas filosóficas y políticas, lo que tiene su reflejo literario en:

  • La evasión en el espacio y en el tiempo: por un lado, idealización del pasado clásico (Grecia y Roma); por otro, búsqueda de lugares lejanos: exotismo, lugares de ensueño. Nada parecido a la realidad del momento (como veremos en el poema Sonatina que leeremos después).
  • Los ambientes de sus narraciones o poemas suelen ser elegantes, aristocráticos y cosmopolitas… Todo lo contrario al común y realista ambiente de la vida burguesa del realismo.
  • El gusto por temas como el erotismo y el ocultismo para  la prosa y la poesía modernista.

 Hay que aclarar que los rasgos anteriores corresponden básicamente al primer modernismo, pues el movimiento evolucionó rápidamente para dar un giro hacia un mayor compromiso con el sufrimiento humano, los verdaderos sentimientos (en lugar del esteticismo sin compromiso)  y, especialmente, la problemática hispanoamericana, es decir, la defensa de la identidad hispanoamericana frente al cada vez más amenazante imperialismo norteamericano.

Si tomamos como referencia la figura de Rubén Darío, esta evolución es apreciable ya desde su tercer libro importante, Cantos de Vida y Esperanza.

Podemos apreciar la evolución si comparamos el poema Sonatina (Prosas Profanas) con Lo fatal sacado del libro Cantos de Vida y Esperanza.

 

2.3. Temas destacados. El amor, que o es melancólico e imposible, o busca el sexo y el placer sin limitaciones morales. 

También destacan el gusto por el misterio sobrenatural, lo esotérico (la magia) y la astrología.

 2. 4. Métrica y estilo.

La métrica modernista está marcada por la experimentación y la renovación:

  • Uso de los versos nuevos (junto con los tradicionales) como alejandrinos – un verso muy utilizado en el modernismo- (14), dodecasílabos (12), y eneasílabos (9), este último inédito en la tradición poética española.
  • Introducción de novedades en las estrofas clásicas: Sonetos en alejandrinos, con serventesios en vez de cuartetos. Sonetillos (sonetos de arte menor).   Romances de 7, 9, 11 sílabas por verso (cuando lo normal es que el romance esté formado por versos de 8 sílabas) 

El estilo modernista es el aspecto más destacado del movimiento junto con la renovación de la métrica. Destaca la búsqueda de belleza expresiva. Para esto los poemas se llenan de recursos retóricos, mucha adjetivación y el uso de palabras elegantes y difíciles. Sin olvidar a la tendencia del empleo del símbolo como medio de expresión de la belleza buscada:

  • Intento de reflejar mediante la palabra múltiples valores sensoriales (auditivos, visuales, olfativos, etc…). para ver de sus ojos la dulzura de luz | o perderse en el viento sobre el trueno del mar. Y utilización de sinestesias (asociar a un concepto cualidades que no le son propias: “rojos destinos”, etc…). su boca de fresa | está mudo el teclado de su clave sonoro |  el trueno del mar

  • Abundan los recursos fónicos que son útiles para conseguir la musicalidad del verso como repeticiones, paralelismos, anáforas, polisíndeton y, claro, aliteraciones…

            la libélula vaga de una vaga ilusión

  • Enriquecimiento léxico por la introducción de cultismos y neologismos, referencias exóticas. ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China | en el duelo orgulloso de las perlas de Ormuz; la rueca de plata | los nelumbos del Norte | ˇOh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
  • Adjetivación abundante. Muchas veces como simple decoración, epítetos embellecedores, en definitiva, de manera casi cada sustantivo va acompañado de un adjetivo que le da una nota de color: ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,/ ni los cisnes unánimes en el lago de azur

 

2.5. Autores

RUBÉN DARÍO, nació en Metapa -Nicaragua- (hoy se llama Ciudad Darío)  en 1867 y falleció en León -Nicaragua- 1916. Fue el máximo representante del modernismo literario en lengua española.

Aunque las letras fueron su pasión y se consideraba por encima de todo un poeta, Rubén Darío tuvo que aceptar diversos ocupaciones para ganarse la vida. Alternó  cargos de representante diplomático de su país y con su trabajo como periodista, principalmente trabajó como corresponsal para el periódico La Nación de Argentina. Estas ocupaciones le llevaron a vivir en diferentes países hispanoamericanos como Argentina, Colombia, o México, y también en Europa: España y Francia. Durante su estancia francesa entró en contacto con los poetas del simbolismo y del parnasianismo que influyeron de manera decisiva en su literatura. Entabló amistad con Verlaine y este estrecho contacto con el simbolismo fue asimilado por Darío junto con la tradición literaria española para dar forma a su gran aportación a la historia de la literatura: el modernismo. En las temporadas que pasó en España pudo difundir de primera mano el modernismo entre los jóvenes poetas como Machado o Juan Ramón Jiménez que se mostraron entusiasmados por el movimiento.

Su primer libro (también considerado el primero del modernismo) se tituló Azul y fue publicado en 1888. Se trata de una colección de poemas y cuentos que reflejan los rasgos de la nueva corriente modernista. La poesía es sensorial y musical. Lo importante es la sugerencia y la sensibilidad estética, por encima del contenido. Y los cuentos abordan muchos otros temas también característicos del movimiento modernista como son el esoterismo y el mundo de lo irracional, alejándose así de la literatura realista que se apoyaba en la lógica y la razón.

En 1895 publicó Prosas Profanas, libro de poemas con el que alcanza la máxima expresión del modernismo literario. Su siguiente gran libro fue publicado en 1905, Cantos de vida y esperanza, una obra en la que el simbolismo y la musicalidad del modernismo se mezclan con contenidos  críticos centrados en la realidad del momento (por tanto, también se aleja del espirito de evasión del movimiento).  Muchos de estos poemas tratan  los problemas de la realidad hispanoamericana y la defensa de la cultura hispana frente al cada vez más amenazante imperialismo “yanqui”.

Después de una interesante peripecia vital (el poeta tuvo siempre una vida muy movida: constantes viajes, agitada vida amorosa y un grave problema de alcoholismo), Rubén Darío murió en Nicaragua en 1916 y su entierro recibió honores de héroe nacional.

 

Otros poetas modernistas:

José Martí, cubano que destacó sobre todo como prosista y que en poesía escribió varios libros importantes: Ismaelillo (1882), Versos libres (1882), Versos sencillos (1891). Combina el imaginario del modernismo con ciertos elementos renovsdores como el verso libre, los contenidos comprometidos y la inspiración en la naturaleza.

Y destacar también  a los mexicanos Salvador Díaz Mirón y Manuel  Gutiérrez Nájera; el cubano Julián del Casal; y el colombiano José Asunción Silva.

 

3. Postmodernismo

Con la muerte del Rubén Darío se cierra prácticamente la etapa del modernismo. Significativos al respecto son los famosos versos del Mexicano Enrique González Martínez:

«Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje (…)/ él pasea su gracia no más, pero no siente/ el alma de las cosas ni la voz del paisaje.»

Aproximadamente, entre 1910 y 1920 se desarrolla una etapa de superación del modernismo, más conocida como postmodernismo (o posmodernismo) en la que destacan nombres como Amado Nervo, Ricardo Jaimes Freyre, Guillermo Valencia, Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig. Y las poetisas: Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbouru.

El postmodernismo, al que nos referimos en este punto, es el resultado de la evolución natural del modernismo que nació siendo puro esteticismo para derivar en propuestas mas humanizadas y/o comprometidas con el momento histórico (ya los últimos libros de Darío apuntaban en esta línea). Entre los autores que muestran en su trayectoria poética la superación del modernismo destacamos al mexicano Amado Nervo y el argentino Leopoldo Lugones

 

Amado Nervo (México 1870-1919). Poeta y político, ayudó a la difusión del modernismo con la creación de la Revista Moderna que congregó a muchos de los más importantes poetas del movimiento.

El tema principal de la poesía de Nervo es el amor centrado en la mujer. Pero el la sensualidad y el erotismo vacío del modernismo son superados por una visión más profunda y sincera de la mujer como principio y fin del amor. Esto se aprecia en su poemario escrito en 1912, pero publicado en 1920: La amada inmóvil.

 

Leopoldo Lugones (Argentina. 1874-1929 ) Como Nervo, en sus comienzos, fue un importante agitador del movimiento modernista por medio de la Revista América, que fundó junto a Darío y Freyre.

Destaca su afán por experimenar formalmente y superar así los principios estéticos del modernismo. Arranca su carrera poética con libros puramente modernistas como: Las montañas de oro, 1897, y Lunario sentimental, 1909), para avanzar hacia una superación formal del movimiento, como hemos dicho, y una ampliación de los temas al incorporar otros como el mundo rural, el paisaje y  la patria  en los poemarios: Odas seculares, Romancero y Romances del Río Seco. 

 

Como decíamos al principio,  no podemos olvidar la importancia de tres destacadas poetisas: Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou. Con ellas se consolida la tendencia al intimismo que se había iniciado con el postmodernismo.

 

La argentina Alfonsina Storni tuvo una vida difícil, llena de dificultades hasta el final, pues acabó suicidándose. En poesía destaca por crear un verso intimista y sereno. Los temas principales de su poesía son la desolación, la muerte y, por supuesto, el amor. El amor visto en todos sus procesos: pasión, desengaño y desesperación. Termina por sugerir que el único amor verdadero es a un amigo o a un hijo. En cuanto a la forma, sus poemas se acercan más al simbolismo y la pre-vanguardia.

En la chilena Gabriela Mistal (1889-1957)  -premio Nóbel de Literatura en 1945- su poesía supera el preciosismo modernista para acercarse a la posterior poesía de vanguardia. El tema principal de sus poemas es el amor en la mayoría de los casos visto desde una perspectiva autobiográfica. La muerte por suicidio de su primer amor (aunque ya se había separado de él) la sumió en una profunda crisis de la que nacieron Los sonetos de la muerte. Este dolor personal se universaliza en sus siguientes poemarios, extendiéndose: al amor a Dios, a la Naturaleza, a la madre y a los niños que sufren en la Guerra Civil Española (y a su propio hijo drustrado) en poemarios como  Desolación (1922), Tala (1938) y Lagar (1954)

La uruguaya Juana de Ibarbourou (1895-1976) también arranca del modernismo para acercarse a la renovación formal venidera de la vanguardia y, en cuanto a los temas, centrarse en el ámbito personal e intimista. Destacan sus poemarios: Las lenguas de diamante, Raís salvaje, La rosa de los vientos y Perdida.

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