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Teatro español de posguerra (1939-1975). El teatro comercial

I. Teatro Comercial

Incluimos aquí las tendencias de teatro desde 1940 a 1970 que, con notables diferencias entre sí, responden a un mismo estímulo: estrenar obras del gusto del público, las que llenan los teatros, las que por encima del valor crítico y social, anteponen el comercial. No quiere decir esto que no se encuentren aquí buenas obras. Los autores de este teatro son, por lo general, grandes dominadores del arte escénico y algunos de ellos como Alejandro Casona, Miguel Mihura o Jardiel Poncela siguen de actualidad. Pero no fue éste el teatro que permitió progresar a la escena española y ponerla en sintonía con las nuevas corrientes teatrales extranjeras. Ésta función la cumple otro tipo de teatro al que llamaremos renovador.

Pero siempre hay que ser cauteloso con las etiquetas; como veremos entre las obras del teatro renovador hubo grandes éxitos comerciales y algunas obras del teatro más comercial tienen un innegable valor crítico. Ésta división es, en último caso, la forma que hemos entendido como más esclarecedora para explicar un periodo.

1. La comedia Burguesa

En los años inmediatos de posguerra como hemos dicho resurge la comedia benaventina o burguesa o Alta comedia (se le ha llamado de muchas formas). Este modelo dramático comercial (continuador del teatro de Benavente antes de la guerra) llega al menos hasta los años 70 (hoy en día la comedia comercial continúa pero con otros modelos). 

Es un teatro amable, divertido e ingenioso que pretende hacer pasar el rato al espectador y no molestarle demasiado en su crítica de las costumbres. No hay crítica política ni social expresa, solo se censuran costumbres y vicios morales de las clases acomodadas (media y alta burguesía). Es decir, de los problemas típicos de la  burguesía como: infidelidad en el matrimonio, conflictos entre padres e hijos, defensa de los valores tradicionales… Normalmente la obra tiene un final feliz con lecciones moralizantes.

Presenta una preocupación por la obra bien hecha: diálogos elaborados, lenguaje literario y hábil construcción de la trama (del argumento de la obra dramática). Los autores son auténticos dominadores del arte escénico, pero no ponen su talento en la creación de un teatro de valor artístico sino que se centran en lo comercial y el gusto del público burgués.

Se la conoce también como comedia de salón porque habitualmente el escenario representa el salón de familias acomodadas.

Autores y obras destacadas:

Entre los principales autores que lo cultivan con éxito destacan José María Pemán, José Ignacio Luca de Tena, Víctor Ruiz Iriarte. José López Rubio, Claudio de la Torre, Alfonso Paso y Joaquín Calvo Sotelo. Y Celos del aire, de J. López Rubio; Juicio a un sinvergüenza, de Alfonso Paso; Dos mujeres a las nueve, de J.I. Luca de Tena; Una muchachita de Valladolid, de J. Calvo Sotelo y La vida privada de mamá, de Ruiz Iriarte son algunos de los títulos más conocidos.

1.1. Las comedias a fantasía Dentro de la alta comedia se puede apreciar una variante principal según la denominación del estudioso  Torres Naharro (y que se ha consolidado): las comedias a fantasía. Son obras parecidas en la escenografía, en la ausencia de crítica y en el protagonismo de personajes, que siguen perteneciendo a las clases medias y altas. Lo nuevo  está en el lenguaje, mas elaborado y simbólico; y en la introducción de elementos propios de la fantasía y el mundo de los sueños. Se presenta una visión amable, irónica y comprensiva de la vida para conseguir la sonrisa inteligente del espectador. Se combina el humor, la ternura y la nostalgia. Los personajes, en su búsqueda de la felicidad y la fantasía, superan los aspectos negativos de la realidad humana.

Destacan autores como: Edgar Neville, El baile; Víctor Ruiz Iriarte, El landó de seis caballos; y Alejandro Casona. Este último es el mejor representante de este teatro y uno de los dramaturgos más importantes del exilio (Los árboles mueren de pie, La sirena varada, etc.). Regresa a España en 1962 con gran éxito de público.

1.2. El teatro de ideas. Empujado por el drama realista, la corriente de vanguardia en la década de los años cincuenta, surge este teatro, escrito por autores de la alta comedia pero con contenidos más críticos. Se exploran las relaciones humanas con el objetivo de censurar los comportamientos como el abuso de poder, la falta de ética y la injusticia que se pudieran derivar del sistema (la dictadura). No proponen una crítica ni política ni contra el sistema, pero sí es al menos una toma de conciencia desde la perspectiva de los vencedores de la guerra.   Las obras van dirigidas al mismo público que las anteriores y continúan, por tanto, manteniendo elementos de obra bien hecha: diálogos elaborados, cuidada escenografía, etc.

Obras representativas son: La casa de las Chivas, de Jaime Salom, Callados como muertos, de José María Pemán, Fuera es de noche, de Luis Escobar y sobre todo el gran éxito de este teatro: La muralla, de Joaquín Calvo Sotelo.

2. El teatro de humor

El teatro de humor de la posguerra se caracteriza por un humor original, basado en situaciones inverosímiles o llenas de fantasía, cercanas al teatro del absurdo. Los autores más representativos son Enrique Jardiel Poncela (década de los 40), Miguel Mihura (décadas de los 50 y 60) y Alfonso Paso (décadas de los 60 y 70). Pero habría que matizar que este último autor escribe un teatro de humor mucho más convencional y sin la importancia para la historia del teatro que tuvieron los dos primeros.

Tanto Jardiel Poncela como Mihura renuevan el teatro de humor pues introducen lo inverosímil y el absurdo como elementos de sus comedias. Sin embargo después de sus primeros estrenos, tienen que modificar sus planteamientos iniciales y adaptarse a las exigencias de un público que prefiere un humor más fácil.

Enrique Jardiel Poncela

Aunque inicia su producción dramática antes de la guerra, escribe sus obras más importantes en la posguerra: Eloísa está debajo de un almendro (1940), Los ladrones somos gente honrada (1941), Usted tiene ojos de mujer fatal, Un marido de ida y vuelta. Jardiel Poncela rompe con el teatro cómico tradicional y fundamenta su teatro en lo inverosímil.

Jardiel es el creador de un  humor intelectual, sin chistes fáciles, y basado en un absurdo con lógica. Casi todas sus comedias tienen una misma estructura. Se inicia y desarrolla una situación totalmente disparatada e inverosímil y en el último acto se explica todo lo anterior descubriendo la lógica oculta que tenían las aparentemente incomprensibles acciones de los personajes.

Humor basado en la situación (inverosímil) y en los diálogos: ingeniosos, divertidos y con humor inteligente.

Otros rasgos que caracterizan sus obras son:

La atemporalidad del conflicto de los personajes. No suele haber referencias al momento histórico (los difíciles años 40) ni ninguna referencia social o política. Precisamente ha sido esa atemporalidad la que explica que sea hoy día prácticamente el único autor de teatro de humor de la época que sigue representándose frecuentemente

El tema fundamental es el amor en sus diversas expresiones: reconquistado, desaparecido,  imposible, apasionado…

FERNANDO. —Siéntate, Mariana. Es preciso que tengamos una explicación larga y detallada. Pero comencemos por el principio. (Ella se sienta al lado.)

MARIANA. — ¿Y cuál es el principio?

FERNANDO. —Mi vida, antes de conocerte.

MARIANA. —Entonces es un principio largo, porque mi sensación íntima es la de conocerte desde siempre; pero la realidad verdadera es que hace tres meses aún no te conocía.

FERNANDO. —Yo te conocía desde mucho antes…

MARIANA. — ¿Tú?

FERNANDO. — (Acabando la frase.) … aunque no te había visto jamás.

MARIANA. — ¿Eh?

FERNANDO. —Por eso el día que te vi por vez primera creí no poder resistir la impresión. ¡Existías! Existías en la Tierra: no eras una alucinación ni un sueño… Yo llevaba mucho tiempo adorándote, y eso que no te suponía existencia real; te adoraba como a una sombra y me preguntaba mil veces cuál era tu misterio y tu secreto. Y he aquí que un día cualquiera, del modo más simple, como ocurre siempre lo más extraordinario, te encuentro y compruebo que existes de veras en el mundo: que puedo adorarte en ti misma. ¡Y que puedo también descifrar el secreto y el misterio que te envuelve! Cuando te hablé la primera vez lo hice como un insensato… No sé lo que te dije…

MARIANA. — (Sonriendo.) Yo tampoco…

FERNANDO. —Que hicieras, por Dios, un esfuerzo para comprenderme. Que no me confundieses con un galanteador vulgar.

MARIANA. — (Sonriendo.) Sí; algo así…

FERNANDO. —Debía de parecer un loco. No me explico cómo no huiste de mí…

Eloísa está debajo de un almendro – Fragmento

Miguel Mihura

Miguel Mihura pertenece a la etapa de renovación del teatro español de preguerra, sin embargo, no es conocido como dramaturgo hasta después de la guerra civil. El conjunto de su obra le convierte en uno de los mejores dramaturgos españoles del siglo XX.

En su primera etapa (1932-1946) su obra dramática se acerca al teatro del absurdo, con una intención crítica. En esta primera etapa escribió su mejor obra, Tres sombreros de copa (1932), cargada de humor absurdo y situaciones que rompen con la lógica de la casualidad realista y que anticipa, en parte, elementos propios del teatro del absurdo que más tarde dieron a conocer  Ionesco o Beckett.

En una segunda etapa (1946- 1963), se adapta a los gustos del público y el humor pierde crítica. Continúa creando obras de humor con contenidos absurdos, pero no tan atrevidos y surrealistas como en su etapa anterior, sino más reconocible para el público burgués. Destacan títulos como: El caso de la señorita asesinadita. A media luz los tres, Melocotón en almíbar, Sublime decisión y La tetera.

En su teatro los personajes viven en su propio mundo, aunque parezca una imitación del mundo real. Es decir, los espacios, los personajes y las situaciones parecen realistas, pero en esta realidad teatral se cumple una “lógica” que no se cumple en el mundo real. Así, por ejemplo, sería lógico que en el mundo triunfaran valores como la bondad y el amor, en cambio vemos día a día que no siempre es así. Sin embargo, en su teatro sí sucede. Los personajes realizan ideales que en el mundo real no siempre se realizarían.

Un ejemplo concreto con una de sus comedias: Maribel y la extraña familia. Maribel es una prostituta que, en el burdel en el que trabaja, conoce a un pobre chico que se enamora de ella. Él es tan inocente y bueno que ni se da cuenta de que aquello es un burdel ni que ella es prostituta. Un día la lleva a su casa para presentarla a la familia. Y de nuevo lo sorprendente es que nadie la juzga como prostituta a pesar de su forma de vestir o de hablar. Todos la tratan como si fuera una chica normal (de este desconcierto nace el humor de la obra). Tanto es así que al final ella se lo cree y deja su profesión para casarse y ser feliz con el chico ya que le han dado la oportunidad que nunca tuvo. En definitiva triunfa el ideal frente a la realidad. 

3. Teatro histórico y de propaganda

Nada más terminar la guerra surgió un teatro de contenido patriótico y exaltado con la misión de recuperar el ánimo con obras que rememoraban los pasajes más heroicos e importantes de la historia de España. El resultado fue el de obras con un valor literario bastante limitado. Como representativas: Un capitán español, de Pemán, Aves y Pájaros de Benavente. El camino del teatro histórico fue continuado en las siguientes décadas por estos autores del teatro burgués. Pero la exaltación del pasado dejo paso a una mayor introspección en los conflictos personales. En 1958 J. M Pemán estrena Felipe II, soledades del rey, en la misma línea del drama histórico Juan Ignacio Luca de Tema, ¿Dónde vas Alfonso XII? y ¿Dónde vas triste de ti? y otro ejemplo más: El proceso del arzobispo Carranza de Joaquín Calvo Sotelo.

El teatro de propaganda política apenas ocupó una década en la inmediata posguerra. Como cabe esperar, son obras para ensalzar unos valores (los del régimen franquista) y atacan los contrarios: el comunismo y las ideas marxistas fundamentalmente. EL maniqueísmo de las obras les resta, inevitablemente, valor dramático. Traemos un par de títulos representativos, Callados como muertos, de Pemán o El cóndor sin alas (1951) de J.I. Luca de Tena.

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