Breve historia del teatro II: Orígenes del teatro español hasta el siglo XVI

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Desde la caída del imperio Romano hasta el siglo XV (o lo que es lo mismo: todo el periodo medieval),  el teatro en Occidente parece que ha desaparecido. No hay constancia de representaciones. ¿Se seguían haciendo espectáculos? Seguramente sí, pero, desde luego, había desaparecido el prestigio socio-cultural que el teatro tenía en Grecia y Roma.

¿Por qué desaparece el teatro? Pues básicamente porque era un arte lascivo, satírico, crítico e irreverente que contravenía las enseñanzas de la iglesia católica. Sin embargo, aunque parezca paradójico, el teatro medieval sobrevivió en el interior de las iglesias donde se reunía la población (profundamente religiosa en aquella época) para asistir a misa, circunstancia que se aprovechaba para hacer representaciones menores, juegos escénicos, etc. Sabemos todo esto por las repetidas prohibiciones que, desde el siglo VI hasta el XVI, se dictan para frenar estas actuaciones en el interior de los centros religiosos. Por ejemplo, una de las más famosas prohibiciones aparece en las Partidas (leyes del estado) durante el reinado de Alfonso X (mediados del siglo XIII)

A finales del siglo XV, tenemos otro importante testimonio de las prohibiciones del teatro en el interior de los templos gracias a las actas del Concilio de Aranda de 1473 (las prohibiciones y censuras recogidas en diferentes concilios se extendieron durante todo el siglo XVI):

Fragmentos extraídos de CRITICÓN. Núm. 26 (1984). Francisco MENDOZA DÍAZ-MAROTO. “El Concilio de Aranda (1473) y el teatro medieval castellano”.

 

Con todo esto, las primeras manifestaciones documentadas de teatro medieval son del siglo XV y tienen temática religiosa. El primer texto del que tenemos constancia es El auto de los Reyes Magos (obra que se conserva incompleta) del siglo XV. También en el siglo XV aparecen los primeros autores de teatro español de nombre conocido. El más destacado es Gómez Manrique (tío del famoso poeta Jorge Manrique) del que se conservan dos obras de Los Reyes Magos y una del tiempo de la Pasión (Semana Santa). Por tanto, sigue siendo teatro de temática religiosa, circunscrito a las celebraciones de la Iglesia en Navidad y la Semana Santa.

 

A finales del siglo XV, surge Juan de la Encina, el primer autor conocido de obras de teatro de contenido no religioso. Escribió, principalmente, églogas: obras breves de teatro en verso que representan los diálogos amorosos entre un pastor y una pastora en un contexto idealizado. Junto a este autor, destacan otros como Lucas Fernández, Gil Vicente y Torres Naharro quienes aportan más complejidad argumental y dramática a las églogas; además expanden el teatro a otras temáticas y pretensiones más ambiciosas. En este sentido, la obra La tragicomedia de don Duardos, de Gil Vicente, es aún representada hoy día y su temática está inspirada en los enredos amorosos y bélicos de los libros de caballerías.

La obra cumbre del teatro medieval, mejor sería decir prerrenacentista, es La Celestina, cuyo título original era Tragicomedia de Calixto y Melibea. Se trata de una obra de teatro singular en todos los sentidos:

  • Es uno de los clásicos ilustres de las Letras españolas, sin embargo, no continúa la tradición del teatro medieval, ni es la iniciadora de una nueva tradición dramática: es una obra única sin precedentes ni continuadores, prácticamente.
  • Es la primera obra importante del teatro español, pero no estaba escrita para ser representada, sino que es más bien una novela dialogada. Tiene toda la estructura de guión teatral, pero con la extensión de una novela. Para hacernos una idea, si se quisiera representar íntegra, la actuación duraría más de ocho horas.

 

La obra tiene merecida fama porque está muy bien escrita, especialmente su primer acto, es entretenida y se adentra en la naturaleza humana, lo que ha cautivado a millones de lectores y espectadores a lo largo del tiempo.

¿En qué marco cultural se inscribe La Celestina? Como hemos dicho, no es teatro medieval ni renacentista. Se trata de una obra producto de los ejercicios dialécticos que practicaban los bachilleres de Letras en la universidad. El más que probable autor de La Celestina es Fernando de Rojas, estudiante de Leyes en la Universidad de Salamanca, que la compuso motivado por estos ejercicios que consistían en la traducción y recreación de obras (principalmente comedias) del teatro griego y latino, especialmente de Menandro y Terencio.

Volviendo sobre la polémica de si es o no teatro, en el prólogo encontramos la mejor pista de cuál era el destino del texto en el momento de publicación. Según el comentario del autor en el prólogo, la obra está pensada para que uno o varios lectores profesionales hagan una lectura dramatizada frente a un público, seguramente recogido en las plazas u otros lugares destinados a la distracción.

 Assí que quando diez personas56 se juntaren a oyr esta comedia (…),  (del Prólogo del autor, extraído de la edición digital de Cervantesvirtual  )

 La Celestina narra las peripecias amorosas del joven noble Calisto que se enamora de la joven y rica Melibea que un primer momento lo rechaza. Para poder conquistar a la joven, Calisto se vale de la ayuda de Celestina, una bruja alcahueta que por medio de sus habilidades persuasivas y hechizos mágicos consigue que Melibea se enamore de Calisto.

Calisto y Melibea se hacen amantes antes del matrimonio, lo que contraviene la norma social y la ley divina. Como consecuencia son castigados por su “loco amor” con la muerte de ambos, y la muerte y desgracia de quienes han participado en su historia de amor.

Más allá de la lección moralizante (los pecados se pagan), la obra sobresale por su ingenio, comicidad y un análisis de la condición humana que la han convertido en un clásico universal.

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