Romancero: de la tradición oral a la escritura

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El principal problema con el que nos enfrentamos al estudiar los romances medievales es la falta de muestras escritas. Es muy excepcional la plasmación por escrito del romance medieval en su época de creación. El romance se transmitía de manera oral en forma de canción. Estaba pensado para ser cantado o recitado acompañado de música y, por tanto, tiene una rima y un ritmo acorde a los gustos y los instrumentos musicales (vihuelas y laudes) de la época. Nunca sabremos como sonaban esos romances, evidentemente. Pero además tampoco podemos estar seguros de conocer el texto primitivo, porque cuando por fin las versiones medievales lograron la reproducción en texto, a finales  del siglo XV y principios del XVI, los encargados de dejar constancia escrita de estas obras eran hombres de letras que no tenían afán de documentar un romance viejo, sino que estaban haciendo literatura, estaban adaptando el romance a la poesía de su momento. Con todo, podemos rastrear la forma primitiva del romance por medio de pistas que han quedado en las versiones escritas de finales del siglo XV y en el siglo XVI.

El romance era un tipo de poema musical muy popular a finales de la Edad Media.  Se cantaba por toda España y Portugal, y, por medio de la Corona de Aragón, se extendió por el Mediterráneo: Mallorca, Italia, Marruecos y hasta Constantinopla. Pero, como hemos dicho, a pesar de su popularidad no se escribía, se cantaba hasta que se comenzó a recopilar por escrito. Desde entonces los encontramos reunidos en colecciones llamados romanceros como el primigenio Cancionero musical de Palacio y también en formas de reproducción más modestas destinadas a un público general. Nos referimos a publicaciones  como los pliegos sueltos (sin encuadernar) y libritos de faltriquera (o de bolsillo). Estas versiones del siglo XVI son adaptaciones del antiguo romance medieval que nos ayudan a conocerlo, pero  que no son fieles al modelo. Aún así, el éxito de la venta de pliegos sueltos propició que el romancero se integrara en la literatura escrita.

En conclusión, el proceso que llevó al romance oral hasta su versión escrita fue tarea en la que trabajaron profesionales de la escritura y músicos que adaptaron los romances viejos deformándolos para acomodarlos a los gustos cancioneriles del siglo XVI. Por último, debemos tener en cuenta que  la transmisión escrita no fue la única que facilitó la pervivencia de los romances, estos se han seguido transmitiendo de forma oral durante los siguientes siglos hasta hoy.

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