Comentario de un poema de Emilio Prados

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POEMA VII

DURANTE el día mi faro
tiene los brazos cruzados.
Si lo miras en la tarde
verás que, lento, los abre.. .

Un barco viene hacia el puerto
navegando a barlovento.
Trae tinta para el poeta,
de color de violeta.
Pero el poeta cansado
la pluma al mar ha tirado,
siempre mirando a la luna,
su rueda de la fortuna.

Navegando a sotavento
se marcha el barco del puerto.

(De la antología publicada en Internet: http://ksuweb.kennesaw.edu/~bnuhferh/webconcordances/prados/emilos%20prados.txt.WebConcordanceFreq/emilos%20prados.txt1.htm)

El poema VII de Emilio Prados pertenece al libro Canciones del Farero publicado en 1926 en la revista Litoral, de la que el propio autor era editor. Emilio Prados es uno de los poetas menos conocido de la Generación del 27, aunque su obra está siendo recuperada recientemente, como le está ocurriendo a otros de los llamados poetas menores del 27 como José Mª Hinojosa, José Moreno Villa, José Bergamín y Manuel Altolaguirre, entre otros.

No voy  a detenerme en la reseña de las etapas creativas de Emilio Prados, porque se escapa a los límites de este comentario. Señalaré brevemente que su producción poética tiene dos momentos creativos principales: antes de la Guerra Civil Española y después de la Guerra Civil Española. En la década de 1920 su poesía se adentra en el neopopularismo con influencias de Juan Ramón Jiménez, Alberti y Lorca, principalmente, para, a partir de la llegada de la Segunda República, dar un giro estético hacia compromiso social y político en la misma línea de la poesía social de Alberti. Después de la guerra se exilia en México donde su poesía se adentra en diferentes estéticas, incluida la vanguardia.

Por tanto, este poema que nos ocupa pertenece a su primera etapa, entre la poesía pura y el neopopularismo (aunque no sean más que etiquetas, en el fondo). En el breve poema se diferencian tres partes: los primeros cuatro versos de la primera estrofa, la segunda estrofa que se inicia con un estribillo y continúa con una serie de versos pareados, y el estribillo de cierre final.

La primera estrofa está formada por cuatro versos octosílabos de rima asonante en pareado (aabb). La primera referencia es al tiempo (“Durante el día”) que será una referencia constante en el resto del poema. La voz poética abarca las rápidas transiciones del día entre el amanecer, la tarde (“Si lo miras en la tarde”) y finalmente la noche (“siempre mirando a la luna”). Está transición temporal queda también encuadrada en la imagen del barco del estribillo que al inicio de la segunda estrofa “viene hacia el puerto” y al final del poema “se marcha el barco del puerto”.

Volviendo a la primera estrofa, llama la atención la palabra “faro”. La mención al faro es recurrente en otros poemas del libro por lo que nos lleva a pensar que tiene valor simbólico. Efectivamente, como dice la estrofa, el faro con la luz del sol “tiene los brazos cruzados”, una personificación para significar que no brilla. Pero cuando empieza a oscurecer el día… “en la tarde, verás que, lento, los abre…”. La metáfora de la función del faro  con los brazos cruzados y abiertos no creo que se refiera a un faro como tal sino que va más allá y se identifica con el poeta. Dice “mi faro” ese “mi” nos lleva a identificar al faro con el poeta; y la metáfora brazos cruzados y abiertos son los momentos de vacío creativo y la llegada de la creatividad o inspiración.

La segunda estrofa está formada también por versos octosílabos con rima pareada pero, a diferencia de la primera, en consonante. Los primeros dos versos son el estribillo del poema que, como decíamos antes, se repite con variaciones significativas en el pareado de la última estrofa. El recurso del estribillo es habitual en la primera poesía de Prados que la dota de ese aire de poesía tradicional. El barco viene “cargado de tinta para el poeta”, de nuevo las palabras traspasan su significado denotativo para cargarse de imaginería. En este caso, la imagen es bastante evidente: la tinta es la inspiración para el poeta. El optimismo con el que se abre esta serie de versos, pronto se ve roto pues el barco trae la “tinta”, pero “el poeta cansado, la pluma al mar ha tirado”. ¿Por qué está cansado el poeta? Nada de lo dicho antes nos ha conducido a esperar esta situación. Es más, recordemos que al principio decía que por la tarde los brazos iba abriendo, todo hacía indicar que se despertaba su creatividad y, de repente, se frustra esa posibilidad.

Con gesto melancólico el poeta queda “mirando a la luna, la rueda de la fortuna”. De nuevo, unas referencias demasiado repetidas por la tradición: la luna como reflejo de la melancolía del poeta y, además, su redondez como una rueda de la fortuna por su enigmática presencia en el cielo nocturno.

Se cierra con una reescritura del estribillo, donde el barco ahora a “sotavento” se marcha del puerto. Con este final, nos queda la sensación de fracaso y resignación. El día ha pasado, se inició cargado de expectativas, pero estas no se han cumplido. El tiempo sigue su curso y el poeta, siempre estático en la orilla, lo ve pasar sin escribir el poema soñado, sin que la tinta que le traía el barco le haya servido para algo. El tiempo sigue y él se queda en la orilla del mar, quizá a la espera de un nuevo día cargado de nuevas expectativas.

Enlaces:

El cuerpo y su diversidad significativa en la poesía de Emilio Prados 

Biografía: https://www.universolorca.com/personaje/prados-such-emilio/;   

 

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